Vamos a la construcción de un relato paralelo, posiblemente ficticio, para tener nuestras conciencias pendientes de él, a la vez que las condiciones materiales van a angustiar a millones de personas.
En periodos de crisis, de angustia
social, en la que el modelo donde vivimos está amenazado, suele surgir una
gran idea fuerza que pretende aglutinar y cohesionar a la población y a la vez
darnos el sentido de seguridad perdido por esta amenaza. Dicha idea actúa como un “tótem” protector y una palanca para hacer frente la enorme
adversidad que se viene encima. Normalmente es lanzada desde el poder cuando éste necesita un apoyo
ciego o más legitimidad.
Es una estrategia usada históricamente en
innumerables casos. Hay que dotar a esta
gran idea de un espíritu que la haga viva , casi en el sentido hegeliano, de
modo que las voluntades dependan de ella en sus pensamientos, sistemas de
valores o actuaciones. Es un modo más de control social.
Esta idea, este tótem, suele ser
idealizado tanto si se proyecta hacia el futuro, como si se interpreta porque
haya ocurrido en el pasado,como ocurrió en el relato de la transición española.
Es más mayor parte de las identidades
nacionales han sido creadas así con interpretaciones idílicas que raya lo
fantasioso en algunos casos .
Desde hace dos meses estamos ante una de
las crisis más desorientadoras por sus características , que nos haya ocurrido.Y ya se habla de sus posibles consecuencias desvastadoras. Ante la parece ser,
falta de recursos, ideas o respuestas para encontrar soluciones , nace un
alegato que puede ser el remedio a nuestros futuros males que se nos avecinan
en lo social y económico: Unos nuevos Pactos de la Moncloa.
El contenido de estos pactos es lo de menos,
tampoco se sabe a qué necesidad responde si no es domesticar o dar uniformidad
al subconsciente colectivo como forma de control. Se omiten algunas circunstancias
actuales que hacen de dichos pactos algo casi imposible de hacer si los queremos
asimilar a los del 1977,como por
ejemplo: España ya no dispone de soberanía democrática ni económica suficiente
para tomar decisiones propias como pasó hace 40 años.
Si vamos hacia algún lado es a una nueva Restauración. Por una parte los actores
principales de esta democracia que comenzó a finales de los 70 necesitan
una nueva legitimación social. Por
otro lado la reubicación de otros actores que nacieron tras el mitificado y
sobredimensionado 15M , movimiento de
indignación juvenil y urbano que ha demostrado ser fugaz, que a la larga ha
desactivado los distintos movimientos sociales contestatarios alternativos que
había en este país. Dichos movimientos sociales asumieron erróneamente las
constantes acusaciones del 15M de ser “viejo”, y lo hacían apoyados desde los
altavoces de algunos grandes holdings de comunicación, qué cosas, ¿no?
Las llamadas fuerzas del cambio parecen haber abandonado
su apuesta estratégica por la que recibieron un enorme apoyo social que no era
otra que la de un nuevo “periodo
constituyente”, venían de abajo para quitar a los de arriba, nada servía. Estos mensajes les legitimaba para diferenciarse
de la otra izquierda clásica alternativa
a la que se la acusaba de colaboracionista del sistema, de ser “lo viejo” como a los movimientos
sociales con los que colaboraba. Hay que puntualizar que cuando hablo de las
fuerzas del cambio es más justo referirse a sus referentes o líderes.
Ahora estas nuevas fuerzas están
legítimamente en el Gobierno haciendo todo lo que pueden para salvarnos de esta
epidemia, pero también intentando salvar al sistema, sin cuestionarse el papel
de estructuras que no hace muchos años había que cambiar de forma urgente ( las politicas de la Union Europea, el papel de la Corona, el bipartidismo,de los agentes sociales…)
Pero en apenas unas semanas la idea de “nuevos Pactos de la Moncloa” ya se ha desinflado , se ha pasado ya a la mera
gestión, a acuerdos de concertación
social entre Gobierno, y agentes sociales y a la ausencia de propuestas que
conlleven amplias reformas económicas , políticas o administrativas que pongan
al país en otra dinámica de
funcionamiento para superar la enorme crisis que se nos viene encima.
Si es verdad que se necesita una nueva
transición a alguna parte, lo indispensable es que se parta de una máxima o
idea fuerza, una idea o propuesta que se
ha venido diluyendo en apenas unas semanas, bien por la falta de convencimiento
de unos, la resistencia de otros y el desinterés del resto. A ello se puede
añadir la falta de presión popular por parte de lo que quedaba de movimientos
sociales organizados , reivindicativos y con perspectivas de cambio.
Y mientras tanto, el/la ciudadano/a
sigue observando el grado de respuesta de las estructuras políticas
administrativas, en la que no se sabe
muy bien qué representantes del Estado ( desde un Concejal, a un Consejero o un
Ministro) tiene sentido de eso mismo, del
Estado . El fín común que debe unir a todos-as no sólo tiene sus
desencuentros por razones ideológicas o partidistas, también por el territorio.
Una atomización, un “qué hay de lo mío”, un “sálvese quien pueda”, que defrauda
a ese-a trabajador-a que ha sido
despedido con un ERTE y que no lo ha cobrado, o al comerciante que ha tenido
que cerrar el negocio .
En definitiva, mientras apenas se puede
controlar esta crisis, parece que la estrategia es la construcción de un relato paralelo, posiblemente ficticio, para tener nuestras conciencias pendientes de él, a la vez que las condiciones materiales van a angustiar a millones de personas.
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